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A DOS DE TRES CAIDAS: Un adios Luis Pablo

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A DOS DE TRES CAIDAS: Un adios  Luis Pablo
Por: Arturo Ruiz, El Súper Cívico.

Hay lágrimas que no caen, se subliman, no, más que eso…

Hay lágrimas que retan a la gravedad y flotan… y en ese momento preciso al elevarse, en sus cristalinos reflejos se reflejan capítulos casi olvidados, como películas retenidas en la memoria.

Hay lágrimas que vuelan como libélulas globosas cargadas de milagros, de recuerdos que transitan en senderos de bosques inimaginables, pero reales.

Hay lágrimas que se multiplican como microscópicas chaquiras, que dispersan en polvos mágicos instantes ya idos sobre los párpados de los vivos y también en los de los muertos.

Hay lágrimas que vuelan como halcones y que surcan el pensamiento, con raudos y veloces instantes ya idos…

Hay lagrimas que se aprecian y que agradeces aunque te duelan.

Esas, son lagrimas que solo caen volando, cuando te lastima la partida de un ser querido…

El encuentro con quienes queremos, se quedan impresas en un mágico momento, que cuando lo evocas, te trae hasta los aromas, texturas y colores de ese preciso instante.

Hoy he llorado, se fue mi querido Luis Pablo, enorme no solo por su poderoso cuerpo, sino enorme por su calidad humana.

Por su sonrisa sempiterna, su severidad de sacerdote en el regaño, su amor a la familia, su mirada de niño, asombrada ante la naturaleza a la cual se rindió como Biólogo para entenderla.
Luis Pablo quiñones fue un buen hombre, gran deportista, jugador disciplinado, entrenador aplicado y padre de familia, hijo, hermano y esposo adorable.

Lo extrañaremos, el mundo entero debería extrañar a alguien como él.

Lo extrañare, y para ser honesto, lo hare como extraño a mi ser, un ser, un poco… no, un mucho desdibujado… hoy, que se fue un gran amigo, al que extrañare, también me extrañare a mi mismo, porque es el momento de hacerlo, el momento de extrañar a mi ser real, hoy tan apocado por los años.
Hoy extraño en mí, el atrevimiento honesto, extraño la capacidad de nombrar a las cosas por su nombre.

Hoy extraño mi candidez… no perdida, sino reprimida.

Hoy, que se fue un gran amigo también me veo cada vez más alejado de mí mismo…

Hoy sé que ya no soy transparente, hoy guardo las formas y callo mis sentimientos.

Hoy cuido el odio y rechazo a la furia.

Hoy, me acurruco en la ternura y cierro las puertas a la pasión.

Hoy camino por un sendero que no es el soñado, sino el que tiene que ser andado…

Hoy, ya no vuelo como ave, ni repto atrevido como audaz serpiente.

Hoy, deambulo, formal y cauto… extremadamente cauto…

Hoy, ante la partida de mi amigo, recuerdo sus palabras que en mis tiempos de arrebato, me decía tómalo con calma.

Y presiento, que hoy me diría: Vive y aprecia la vida, aun cuando la vida no se detenga, ni responda a nuestros anhelos, y aun cuando este río imparable que es la vida… nos vaya dejando a un lado.

Hoy que amo y que quiero, me lastima mi falta de coraje.

Hoy, siento el momento de callar ante la razón lapidaria, de un eco inexistente y ante los sordos oídos de un pueblo que llena sus sentidos auditivos de baladas de muerte y traición.

Es por tal motivo, por el cual, las palabras, mis palabras, deben enmudecer hasta que sea digno de ellas.

Y así con cien batallas perdidas, con un pueblo inerte, con políticos gobernantes voraces y cínicos, solo puedo guardar mis palabras, palabras para muchos inaudibles y para otros motivo de sorna…

Quizá, ante la partida recurrente de seres queridos y ante la piel cada vez más marchita de mis manos, sea el momento de acudir al pensamiento de José Martí, quien dijo. que la mejor forma de decir… es hacer.

Pues entonces, que hablen las mariposas de mis sentimientos y los jaguares de mis pasiones.

Que me enmarquen las ceibas, parotas, mezquites y sahuaros… porque estoy vivo.

Y en mí, viven los míos, los propios y los extraños, y vivirán en mí hasta que llegue el momento de callar ante la luna y las estrellas, hasta el momento de volver al polvo que nos dio origen… porque solo así, en polvo y energía, es como estamos en paz y en armonía.

Y mientras llega ese momento, intentare beber del amor, trago amargo y dulce que solo sienten quienes están aún vivos. Vivos en verdad, no los muertos vivientes ni los vivos que han muerto en vida por temor a su verdadera naturaleza… ¿O no?

PD: Mis lágrimas no caen… vuelan como globos iridiscentes. Y en ellas, van mis seres queridos a un cielo mucho más que azul…