MARTÍN LAZO CUEVAS “Los grupos los abre Dios y los cierra un pendejo”: La caída de la Patrulla Espiritual.
2026-09-10 15:18:39
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FECHA: 7 de septiembre de 2026
En la larga historia de los colectivos de autoayuda y los anexos en México existe una sentencia popular que resuena como una advertencia inevitable: “Los grupos los abre Dios y los cierra un pendejo”. La frase sintetiza cómo iniciativas nacidas desde la necesidad, la fe o la solidaridad comunitaria terminan dinamitadas por la soberbia, el espectáculo y el desprecio por la ley.
Para dimensionar el daño del presente hay que mirar la dignidad del origen. En los anales de los centros de rehabilitación en Baja California resalta la figura de Daniel López Flores, pionero e impulsor del primer centro en el noroeste de México. Bajo principios de profundo respeto a los derechos humanos y la reconstrucción personal, su legado consolidó instituciones que suman más de tres décadas de labor ininterrumpida. De ese esfuerzo germinaron redes nacionales que han dado respuesta real al dilema del alcoholismo y la drogadicción, sanando no solo a la persona con adicción, sino devolviendo la paz a sus familias y a la sociedad.
Por ello, resulta un imperativo histórico señalar que las acciones deplorables de unos cuantos no representan a la totalidad de los cientos de directores, fundadores y promotores que hoy operan con ética. El impacto de los actos cometidos por el pastor Alexis, Jesús Ignacio “El Chiquilín”, la clínica Jireh y la llamada “Patrulla Espiritual” daña una causa legítima y mancilla el esfuerzo de un gremio noble.
El contraste: Del rescate con dignidad al homicidio
El caso de la clínica Jireh en Tijuana ha dejado de ser un fenómeno viral de TikTok para convertirse en una trama criminal que exhibe las grietas del sistema de salud y justicia en la entidad. Lo que comenzó mediáticamente con transmisiones en vivo de “levantones espirituales” terminó trágicamente con la muerte de “Richard”, un joven de 28 años cuyo cuerpo fue entregado por el Servicio Médico Forense con más de 40 lesiones y signos de asfixia mecánica. Dos encargados del lugar ya han sido detenidos, pero limitar la justicia a los ejecutores materiales sería un acto de ceguera institucional.
La figura del garante: La responsabilidad del mando
Desde la trinchera del análisis jurídico, la cúpula de la Patrulla Espiritual no puede deslindarse del homicidio argumentando que "ellos no soltaron los golpes". El Código Penal para el Estado de Baja California es claro respecto a la comisión por omisión y la posición de garante.
Al asumir voluntariamente la custodia de una persona —más aún cuando el internamiento se ejecuta de manera coercitiva—, los directores del centro adquieren la obligación legal de tutelar su vida e integridad física. Entregar el control de los internos a “padrinos” sin formación, tolerar castigos corporales como método disciplinario y lucrar con el hacinamiento configura una omisión directa. El pastor Alexis y “El Chiquilín” son jurídicamente garantes de lo que ocurrió en esas habitaciones.
Soberbia, agresiones y el fin de la impunidad viral
A la tragedia del homicidio se suma la reacción de los líderes ante la intervención de las autoridades y la cobertura de la prensa local. Lejos de asumir responsabilidad o colaborar con las investigaciones, la respuesta de la Patrulla Espiritual fue el amedrentamiento y la agresión contra reporteros y la fuerza pública. Se asumieron por encima del Estado y al margen de la ética que instauraron los verdaderos pioneros del movimiento.
Hoy, las acciones de Coepris, la Fiscalía estatal y las fuerzas federales han derivado en la clausura del inmueble y el aseguramiento de armas en el entorno del establecimiento. La fiscalía tiene en sus manos el precedente para ir más allá: aplicar la responsabilidad civil solidaria para la reparación del daño a los deudos y tipificar la privación ilegal de la libertad inherente a su modus operandi.
La historia de Jireh no representa el modelo de rehabilitación fundado por figuras como López Flores; es el retrato de cómo la búsqueda de fama digital y la ausencia de regulación convierten a un centro en zona de impunidad. La ley en Baja California tiene las herramientas para sentar un precedente definitivo: la fe y las redes sociales no eximen de la responsabilidad penal ni del respeto irrestricto a los derechos humanos.
Martín Lazo Cuevas
Análisis y Opinión basado en derechos humanos y garantías individuales | Reporte México